La medición de la pobreza en nuestro país se ha desarrollado, en la mayoría de los casos, desde una perspectiva unidimensional que utiliza el ingreso como aproximación del bienestar de la población; sin embargo, este enfoque resulta limitado, pues deja de lado dimensiones fundamentales vinculadas con los derechos humanos, económicos, sociales y culturales.
En este contexto, incluso la implementación de políticas públicas centradas exclusivamente en el ingreso, como la pensión universal para adultos mayores, no se ha logrado llegar a todos los rincones del país, especialmente al sur.